2009/08/16

"No se puede servir a dos señores" (San Mateo)



Monseñor Blázquez, obispo de Bilbao; condena el terrorismo de ETA utilizando todos los calificativos al uso.
Monseñor Blázquez aprovecha para ello la misa en la Basílica de Begoña, el día 15 de agosto, fiesta en Bilbao, el mismo día que comienza la Aste Nagusia.
A Monseñor Blázquez se le olvida denunciar a los ladrones (algunos de ellos asistentes a la ceremonia) que han propiciado, y se han lucrado, con la crisis económica de escándalo que padecemos, y que está generando pobreza y situaciones de tremenda desesperanza a mucha gente de la villa.
No se acuerda de denunciar la avaricia de los empresarios, que no dudan en minimizar la prevención de riesgos para ahorrarse unos euros, y que produce cientos de muertos y heridos en el puesto de trabajo a lo largo del año.
A monseñor Blázquez se le olvida denunciar la situación de tantos emigrantes que sobreviven a duras penas en un entorno hostil y en condiciones infrahumanas.
También se le olvida denunciar la clausura de los pórticos de las iglesias de su diócesis para evitar que los mendigos puedan dormir en ellos, ya que los ensucian.
No se acuerda de denunciar la situación de los familiares de los 800 presos políticos vascos(¡en un país de 3 millones de habitantes!) que tienen que viajar miles de kilómetros para verles todos los fines de semana, y que luego son apaleados por la Ertzaintza.
Monseñor Blázquez no se acuerda de denunciar el envío de una bala a la txupinera de las fiestas de Bilbao.
Pero sí denuncia el divorcio y el aborto, ya que pueden acabar con el "matrimonio tradicional" patriarcal que tantos beneficios ha traído, especialmente a la mitad de la población, o sea, a las mujeres.
Monseñor Blázquez, príncipe de la Iglesia, que no ha pedido perdón por su apoyo activo al franquismo, al nazismo, al fascismo, a la oligarquía y a las dictaduras que en el mundo han sido, tiene la desfachatez de condenar, no sólo la lucha armada, sino también " sus motivaciones históricas y sus objetivos".

Y ante todo ésto, me pregunto una vez más: ¿Quién coño es este señor para predicar sobre política desde el púlpito? ¿Quién ha votado a este parlamentario? ¿Quién le ha dado vela en este entierro?

Aunque claro, viendo que a esta celebración religiosa acude el alcalde y gran parte de la Corporación de forma oficial, tampoco me extraña que el pobre monseñor no distinga entre religión y política y confunda el culo con las témporas.

I. Gardeazabal

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